Construyendo el Estado de Derecho en El Salvador, C.A.               27 años junto al Pueblo (Dic - 1988) Diciembre 11, 2017     

Hacia una Fundamentación Transdisciplinaria de los Derechos Humanos

Por José Roberto Rugamas Morán
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La historia de la humanidad refleja el avance hacia una sociedad cada vez más compleja; por ejemplo, en Grecia, ciudad admirada como la cuna de la política, el proceso de formación de una civilización urbana comenzó hacia los años 800 a 500 a.C. (Held, 1992).

Hasta la paz de Westfalia de 1648, hubo una complejización de las estructuras sociales hasta llegar a la creación de los Estados modernos y con ello el surgimiento del derecho internacional como instrumento de ordenamiento normativo entre los sujetos internacionales (Pinto, 2004).

Desde esas relaciones entre Estados, surgieron importante compromisos después de la segunda guerra mundial, la comunidad internacional dio vida a un organismo supranacional llamado Naciones Unidas, mediante la carta firmada en San Francisco el 24 de junio de 1945 y estableció sus fines en el artículo 1: institucionalizar el fomento de la paz y la seguridad internacional; fomento de las relaciones de amistad entre las naciones, con respeto del principio de autodeterminación, principio de igualdad, principio de cooperación internacional para la solución de problemas  económicos, sociales, culturales y humanitarios; para estimular el respeto a los derechos humanos y para servir de foro internacional (Pinto, 2004).

El derecho internacional de los derechos humanos.
El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó su resolución 217 A (III) referente a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en cuyo preámbulo se hizo referencia que en el pasado  “el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajante para la conciencia de la humanidad”.

El mismo año de 1948, en Bogotá, Colombia se celebró la novena Conferencia Internacional Americana,  que aprobó la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la cual, al igual que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, atribuye el fundamento para el goce de los derechos esenciales a la naturaleza de la persona humana, además de mencionar expresamente que uno de los fines es alcanzar la felicidad.

Diecinueve años después, el 22 de noviembre de 1969, la Conferencia Especializada Interamericana sobre Derechos Humanos, de la Organización de Estados Americanos, aprobó la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que cita en sus considerandos a los instrumentos internacionales ya mencionados y se mantiene en el discurso de fundamentación en los “atributos de la persona humana”.

Los estados no solo tienen un deber jurídico, sino también, un compromiso político y moral en cuanto a sus obligaciones generales de respetar y garantizar los derechos humanos y en esto se vuelve evidente el nivel democrático de los estados, para que éstos hechos vuelvan a suceder.
 

La CADH creó además el sistema interamericano de protección a los derechos humanos, con la integración de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CEJIL, 2012), la primera con sede en Washington y la segunda con sede en San José, Costa Rica, cabe destacar que la CADH no fue firmada por los Estados Unidos de América.

Es interesante evidenciar que paralelo a la suscripción de estos instrumentos, ocurrían movimientos políticos trascendentales, en los cuales los Estados Unidos cobro un rol hegemónico como la carrera armamentista nuclear, la guerra fría (Pinto, 2004), mientras que en Latinoamérica el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y la consecuente expulsión de Cuba del Sistema Interamericano.

Ante la dispersión del texto de los tratados internacionales y la práctica político militar de los países, resulta necesario preguntarse ¿Qué entiende cada uno por derechos humanos? Más allá de la letra ¿En qué consisten los derechos humanos? ¿Existe un fundamento único de todos los derechos humanos?

Según Gregorio Robles (2006, p. 31) “cuando se habla de derechos humanos, no es consciente de que se encuentra inmersa en un determinado modo de entender el ser humano y las relaciones sociales y políticas”, según este autor, el modelo imperante ha sido de corte ius naturalista inglés, vinculado a la visión del liberalismo de Locke, que contiene a la base toda una ética de tradición anglosajona.

Otra vertiente del ius naturalismo es el de corte esencialista de la Iglesia Católica, sostenido desde la edad media, según la cual “la raíz de los derechos del hombre se deben buscar en la dignidad que pertenece a todo ser humano” ( Pontificio Consejo "Justicia y Paz", 2005, p. 82).

La nota distintiva de la Iglesia radica en la causa de la dignidad de la persona humana como un atributo de dación divina, con lo cual adquiere un carácter universal y de lo cual exige superar la tutelación particular por una tutelación universal, siendo el aporte más valioso de toda la teología cristiana al debate de los derechos humanos.

En el siglo XIX surgieron también las tesis positivistas cuyo postulado central es “la separación –más allá de la mera distinción- entre el derechos y las exigencias de la moral objetiva. […] El derecho o las leyes se forman con las voluntades de los ciudadanos […]” (Carpintero, 2006, p. 93).

Según Hinkelammert (2008) este es un debate que no se excluye de la razón instrumental del positivismo de la modernidad, el cual ha recurrido a mitos como un marco categorial para juzgar la misma razón instrumental, en ese juicio caerían las posturas de Locke, Rousseau y otros, quienes son denunciados por Horkeimer y Adorno, de sentar las bases para atrocidades como el mismísimo totalitarismo Nazi.

Desde la ética aplicada el derecho natural puede servir para mantener el orden establecido  incluso para subvertirlo, por tanto, la valoración del derecho natural, debe ser también histórica (L. Aranguren, 1996) por eso el  debate sobre la fundamentación de los derechos humanos también ha de ser entendido en dos vías paralelas o mejor dicho conjuntas: le ética y la política.

Esta visión exige una concreción exacta de los derechos humanos; para ello conviene la definición aportada por Pedro Nikken (2005), según la cual los derechos humanos son atributos inherentes a la persona humana, que se afirman frente al poder. Contraponiendo a González Casanova  se entiende que en lugar de poderes, existe un sistema de poderes (2005).

La positivización de los atributos inherentes, que sirve de límites a los poderes, es una construcción política que tiene ciertos requisitos éticos: en la línea de Levinas y Habermas, Adela Cortina (2010) explica que en una democracia deliberativa las normas se construyen por consenso y voluntad de los interlocutores válidos que participan de la argumentación.

Cortina explica además que la diferencia entre derechos morales . La autora le atribuye al término derechos humanos ser “el mejor proyecto que la humanidad se ha propuesto de forma conjunta (2010, p. 99).

En consecuencia, el fundamento último de los derechos humanos estaría vinculado a la antropología, al derecho, la sociología, la política, la filosofía ; “debe encontrarse más allá del ius naturalismo sustancialista y del positivismo historicista ; como sería el caso del reconocimiento recíproco compasivo que venimos defendiendo, y que nos serviría también más allá del atomismo liberal y del comunitarismo” (Cortina, 2010, p. 99).

Es así como podemos afirmar que en la actualidad los Estados, como principales sujetos obligados por el derecho internacional, no solo tienen un deber jurídico, sino también, un compromiso político y moral en cuanto a sus obligaciones generales de respetar y garantizar los derechos humanos y en esto se vuelve evidente el nivel democrático de los estados, porque “los tratados concernientes a esta materia están orientados, más que a establecer un equilibrio de intereses entre estados, a garantizar el goce de derechos y libertades del ser humano” (Meléndez, 2011, p. 15).

En consecuencia, los Estados que se obligan jurídicamente con normas internacionales de derechos humanos y normas de derecho interno, que además cumplen efectivamente tales compromisos y demuestran la existencia de una verdadera cultura deliberativa, con los requisitos éticos que presupone y que supera las concepciones tradicionales de derecho natural sustancialista e individualista, proclive a la manipulación ideológica liberal y susceptible de las críticas de izquierdas políticas.

09 de diciembre de 2013

Organismo cuasi jurisdiccional creado previamente en 1959 durante la 5° Reunión e Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, en Santiago de Chile.

Aquellas situaciones legales o extralegales que pueden ser consideradas por la vía declarativa como dignas de atención estatal, hasta por la misma constitución, sin que signifique un derecho humano.

Es decir trans-disciplinario.

Podría agregarse positivismo científico ilustrado.

Bibliografía
  • Pontificio Consejo "Justicia y Paz". (2005). Compendio de la doctrina social de la Iglesia. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana.
  • Carpintero, F. (2006). Los derechos humanos de primera generación. En J. J. Quirós, Manual de derechos humanos (págs. 77-101). Navarra: Aranzandi S. A.
  • CEJIL. (2012). Guía para defensores y defensoras de Derechos Humanos. La protección de los Derechos Humanos en el Sistema Interamericano. Buenos Aires: CEJIL.
  • Cortina, A. (2010). Justicia Cordial. Madrid: Minima Trotta.
  • González Casanova, J. A. (2005). Una teoría del poder. En FESPAD, Estudios sobre derechos humanos (págs. 3-37). San Salvador: FESPAD.
  • Held, D. (1992). Modelos de democracia. Madrid: Alianza Editorial S. A.
  • Hinkelammert, F. (2008). Hacia una crítica de la razón mítica. El laberinto de la modernidad. México D.F.: Dríada.
  • L. Aranguren, J. L. (1996). Ética y Política. Madrid: Biblioteca Nueva.
  • Meléndez, F. (2011). Instrumentos internacionales sobre derechos humanos aplicables a la administración de justicia . San Salvador: Florentín Meléndez.
  • Nikken, P. (2005). Sobre el concepto de derechos humanos. En FESPAD, Estudios sobre derechos humanos (págs. 39-64). San Salvador: FESPAD.
  • Pinto, M. (2004). El derecho internacional. Vigencia y desafíos en un mundo globalizado. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
  • Robles, G. (2006). La olvidada complementariedad entre deberes y derechos humanos. En J. J. Quirós, Manual de derechos humanos (págs. 28 - 41). Navarra: Aranzandi S. A.
  • Instituto de Estudios Jurídicos de El Salvador.
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